martes, 5 de enero de 2016

Relato número tres

Conversaciones

Las semanas anteriores a navidad y año nuevo se dio que he tenido que atenderlo al llegar del trabajo. Limpiar la casa, servirle comida, hablarle. El día de año nuevo y los siguientes se dio que conversamos otro poco, ¿con quién conversaba? con mi papá.

Ese día 31 de Diciembre conversamos de varios temas entre el almuerzo y la sobremesa pues estuvimos los dos solos para ello, hablamos de: Problemas familiares con mis hermanas, cosas sobre el viaje a España, cosas sobre el pasado. Fue extraño, también me dijo algunas cosas buenas sobre mi persona que se opacaron al completar la frase con algo negativo argumentando que yo "lo sorprendía".

- Me alegro ver que tienes tus ideas claras, que bueno hija, es que claro Ud es así no más...
- ¿A qué se refiere?
- Así pues peleadora, enojona, llevada a sus ideas, arrebatada. Me gusta que sea fuerte, espero que te soporten jajajajaja
- ah...

Y es en este punto que pienso dos cosas: responder o no responder.

Si respondo me llevaré un mal rato.
Si no respondo evitaré problemas. Además ese día ya estaba bastante malo.

Al no responder puteo mucho mentalmente sabiendo que si le doy un contra se pondrá más antipático y le daré razón de "ser llevada a mis ideas"(teniendo en cuenta lo negativo de tener ideas propias)

Pues claro una mujer sumisa y callada es una mujer correcta, una mujer que dice lo que piensa es llevada a sus ideas, es explosiva y es arrebatada. Sin embargo callar es algo que se me da algunas veces dependiendo si me conviene, otras veces sólo le respondo, por eso igual me tacha de esas maneras.

Omitiendo todo y cambiando un poco el tema seguimos conversando.

- Esta semana me ha demostrado que puede hacer bien sus cosas
- ¿cómo que cosas se refiere?
- Yo llegaba y me tenía el tecito y estaba limpio, las cosas. Como su mamá no está (mi mamá había estado en casa de mi hermana ayudándola con el bebe de 1 mes y mi sobrina de 2 años) pues veo que se puede encargar bien de todo. Si mi hija no es lo que yo recordaba.
- Sí, bueno,  hay que hacerlo prefiero ayudar a mi mamá que llega cansada de estar donde mi hermana todo el día. ella necesita una mano.
- Ay si pue hija, así me gusta bien contestadora - lo dice en tono de burla y se ríe.

Y yo mentalmente me digo ¿qué?

Luego hablamos sobre una de mis hermanas y se cambia el tema a lo del viaje a España, sobre papeles, sobre mi novio, sobre cosas que saber. Una de esas cosas:

- Recuerda que allá estarás sola y necesitarás tu espacio para llorar y hacer cosas de mujeres
- ¿Para llorar?
- Si hija, un lugarcito un rinconcito donde llorar y quejarte de las cosas que haces mal y desahogarte.
- emmmm ya?
- Ute sabe , ya es mujer ya, tener un espacio donde irse a llorar. Y luego estar ahí bien firme.
- ....

Escribir esto me da esa sensación de asco raro que sentí cuando me hablaba y es que entre putearlo mentalmente y escuchar que me decía rescatando algo bueno de ello me sentía como una lámpara de aceite y agua. Dentro de las cosas buenas que puedo rescatar de lo que me decía más rescato/recuerdo los momentos de incomodidad en esas palabras que él no ve nada de malo.

Yo no me pregunto porqué no lo ve, no vale la pena.
Tampoco le discuto demasiado sólo cuando veo que es posible.
Tampoco vale mi pena (y problemas para mamá) el disgusto por ello.
Intento no creer lo que me dice de que soy de tal manera, creerle las cosas negativas no valen la pena.
Pero a veces un poquito de eso que te repiten cada tanto se queda ahí.
Intento no dudar de lo que sé de mi.
No vale la pena.





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