sábado, 17 de mayo de 2014

Fiesta

Un cuento que nace de mano de Soda Estereo, la música siempre me inspira de maneras insospechadas, algo de recuerdos y de fantasía, espero les guste n_n

Fiesta

Ella le vio desde el otro extremo del salón, sus manos se arremolinaron sobre sus rodillas arrugando un poco el vestido de seda color lila que traía, estaba demasiado ansiosa y nerviosa con catorce años esas cosas suceden, logrando con ello no poder pedirle bailaran juntos y con nervios se fue del ruido viendo al chico que le gustaba irse a bailar lejos en entre el resto.

Se levantó pasando entre los chicos y chicas que bailaban, las luces del lugar se habían ido repentinamente llenando al ambiente de rock y fue a la sala que tenía todas las mesas centradas formando una gran fila, en ella los manteles y las snack, tomó un vaso plástico sin notar que estaba roto y al llenarle de bebida su vestido se manchó. Dejó caer el vaso que al dar un saltito contra el suelo salpicó a sus medias el resto de la poca bebida que tenía en su interior, su mundo se quebró ¡ahora lucia horrible!, salió a prisas al baño pasando por las canchas, corriendo por el pasillo. Al entrar había agua en el piso que por la entrada y salida de chicas había generado un pequeño barrial, sus pies se deslizaron al compás del rock del salón  y su mundo se giró al caer de sentaderas al piso húmedo, dos chicas que la vieron la ayudaron a levantar y una tercera que iba de salida se detuvo a ayudarla en limpiar su vestido lila que ahora tenía manchones en forma de bebida, barro y un peso extra de agua. Agradeció a las desconocidas y se quedó mirando al espejo, se vio despeinada y con agua hizo lo que pudo para arreglar su melena, se acomodó un cintillo que traía y que misteriosamente igual había sido manchado por el barro, dio un suspiro a su vestido sucio y dio pasos con cuidado al salir, el frio que ya sentía le ayudo a volver a la sala por un chal de lana fina que traía. Algunos chicos en el lugar la miraron de pies  a cabeza, nadie preguntó nada pero sus miradas pesaban duro.

Desanimada salió y se quedó en una banca en el jardín principal, cerca de las canchas.

Las fiestas del colegio eran siempre iguales, pocas veces las disfrutaba pero el rock sonaba tan pegajoso que sin querer comenzó a corear al cantante, cada vez más alto, cada vez más fuerte y desde su asiento alejado de la luz su voz resonaba por los oscuros pasillos que se formaban en la noche. Se sentía alegre de conocer el tema, realmente le gustaba cantar “De música ligera”  cerró sus ojos meneando su cabeza de lado a lado y su melena peinada a base de agua se esponjó, seguía el ritmo con los pies y con su cuerpo. El frio del entorno no importaba y casi olvidaba que su vestido estaba sucio, se sonrió contenta y cuando se entregaba a aquella sensación una mano le tomo la suya y le puso de pie.

Su sorpresa fue enorme al ver a un chico alto frente a ella que le tomaba para bailar en ese lugar alejado, este le sonrió y le dijo que le escuchó cantar, ella se sonrojó  y enmudeció al escuchar que este le decía que la vio bailar allí sentada, y se sonrojó más al tenerlo de frente y ver que el chico le insistía en bailar el tema que iba a mitad. Se miró, intentó detenerlo para enseñarle lo sucio de su vestido no quería que se avergonzara, no quería sentir más pena por la fallida fiesta, intentó decirle que estaba “fea” sin embargo no supo cómo pero sus pies le llevaron con el chico por el camino hacia el interior del salón y dejando su cuerpo libre del chal de lana movió sus hombros y su cuerpo ignorando el rubor de su cara y lo sucio de su ropa. El joven frente suyo la había invitado a ese momento y olvidando al chico que había querido invitar se sonrió aún ruborizada entregándose al momento de diversión descubriendo rubor en el chico que la había invitado.  
¿Cuánto le había costado dar con ella y tomar el valor de bailar? Se sonrió con el descubrimiento y decidió olvidarse del peso extra de su vestido mojado al parecer ni tan fea, ni tan sucia estaba como para no dejarse divertir.


Fin




domingo, 11 de mayo de 2014

Ánima

Este cuento corto nació de la mano del tema en piano de  Erik Satie,  Gnossienne Nº 1, 2, 3 y 4 dejo el audio al final del texto  por si gustan lean este corto cuento con acompañamiento.

Ánima

Es simple vernos, besarnos, recordarnos. Lo que no es simple es alejarnos pero lo hacemos, lo hicimos y cada día más nos alejamos. Hoy me mezo en el columpio del parque de frente y veo donde jugábamos a querernos. Todo sigue igual solo yo he cambiado, mi pelo es más largo, mis ojos más cansados. Recuerdo bien cuando nos conocimos en ese mismo lugar, que mis ojos ven ahora, una estrecha puerta, una alargada casa, dos ventanas a cada lado y  una cerca hacia la izquierda, hacia la derecha otra casa totalmente pareada a esta. La cerca tiene el mismo color que le di mientras vivía allí, cuando la pinté de nácar y no pensé durase tanto. Me asomé por sobre la cerca y me robaste un beso que no esperaba ¿De dónde venías a robarme los besos? Aún no lo sé pero me robaste muchos y yo te presté otros. Allí en esa alargada puerta que ahora miro con desgano entrelazamos los dedos, nos miramos fijo y nos dijimos lo que en ese momento fueron verdades.

¿Por qué? Es la pregunta de siempre ¿por qué no me lograrás querer más? eso fue lo que dijiste, que no podías quererme más, que ya me dejabas ir y luego te fuiste, me dejaste anidando esperanzas en susurros.

Mi cabello está más largo y ha pasado el tiempo, mi ropa es diferente a la del resto y alguna cosa que me gustaba ya no gusta más, pero al pasar por aquí te recuerdo y al recordarte vienes como aire fresco a mi mente, me desnudas con una sonrisa y me haces creer que puedas quererme más de lo que lentamente dejas de quererme. Venía caminando por aquí viendo que ahora está este parque con juegos y columpios y fue cuando me senté, y al mecerme lo vi. Nuestro lugar de encuentro y despedida.

¿Dónde te fuiste y por qué me dejaste? Me pregunto otra vez como cuando nuestras vidas se separaron.
Doy un  suspiro a los recuerdos, me sonrío un poco por los buenos momentos y me amargo por los malos. Cuanto quisiera decirte ahora que… doy un suspiro el columpio deja una sombra solitaria que se mueve, sus cuerdas danzan, su silla se mantiene jugando y el viento mueve el asiento vacío a su lado. Ha pasado el tiempo, las hojas ya se han marchado. Paso otra vez por este lugar, la cerca ya no existe, la casa es de un rosa pálido ya no sé cuánto tiempo ha pasado solo sé que regreso aquí a recodar y a preguntarme.

¿Por qué me dejaste? ¿Cuándo volverás? Me pregunto una última vez, esperando no volver a pasar por allí hasta otro año más. Miro al parque desgastado ahora por el tiempo, los columpios antes nuevos ahora están oxidados ¿Cuándo volveré? ¿Cuánto tiempo ha pasado? Me pregunto, ahora mi cabello se mece con el viento pero no veo su sombra, más no la veo desde que te fuiste y me siento al columpio a esperar te sentaras a mi lado, entonces me esfumo y me pierdo.

Los columpios se mueven solos en una danza con el viento, sus sombras se mueven jugando con las hojas de otoño y mi imagen se borra otra vez antes de poder verte llegar a esa casa, antes de saber que no te fuiste, antes de darme cuenta que quien se fue, hace ya mucho, fui yo.

Fin



miércoles, 7 de mayo de 2014

Somos extraños

Un cuento de 538 palabras con el que participé el año 2012 en el concurso "Hazla Corta" de la Universidad de la Serena.

Somos extraños

Sobre mi sofá me recosté cansada, la jornada había sido dura aquel día. Miré nuestra fotografía en la mesita de centro, esa donde sonreíamos y la puse boca abajo en la misma, hace tres días te he echado del departamento y no creo que vuelvas. Éramos como de dos pueblos distintos y fue gradual… fue gradual, yo con mis clases de párvulo y tú con las tuyas de derecho. Un día ambos nos sentamos y nos reímos de lo gradual que había sido, al otro día nos pusimos de pie y nos peleamos, al otro día te pedí que te fueras del departamento y hoy me siento en mi sofá a fumarme un cigarrillo, una mala costumbre que aprendí de ti y a pensar una vez más en que viviendo juntos, éramos de lugares tan distintos.

En el supermercado tomé una caja de leche con saborizante a vainilla, sé que le encantan estas cosas, pero ahora solo la cojo por costumbre y la llevo en mi carro pienso en qué hará ella, debe pensar… no lo sé es que somos como de dos pueblos tan distintos. Miro en mi interior recordando con cada pasillo de este lugar cómo fue, fue tan gradual, yo con mis clases de derecho y tú con tus clases de párvulo, un día nos sentamos y te ofrecí café mientras bebía mi cerveza, al día siguiente nos peleamos mientras tu disparabas desde el baño yo ordenaba mis disparos desde la sala, al otro día acepté tu petición, y hoy paseo solo por los pasillos del supermercado mirando que en mi carro llevo sólo cosas que a ti te gustan y lo comienzo a vaciar y pienso una vez más, éramos de lugares tan distintos.

Considerar una separación tan abrupta no era de ninguno de los dos un pensamiento diario, considerar dejarnos de lado por falta de tiempo tampoco, pero considerar reencontrarnos semanas después fue mutuo. Ambos nos encontramos en el pasillo del departamento, yo iba y él iba. Nos sonreímos, seguramente pensamos lo mismo, aunque seamos de lugares tan distintos sabemos encontrarnos en los mismos lugares de siempre, compartimos una tarde como aquella de la fotografía que hace semanas estaba boca abajo en la mesita de centro de la sala, nos reíamos esa tarde como cuando íbamos juntos de compras al supermercado, pero somos de mundos…

Después de aquella tarde todo siguió regular, nos visitamos, ella en mi departamento, yo en el suyo. Intercambiamos risas e historias de esas dos semanas, tocaba sus sentimientos de vez en cuando y ella mis recuerdos, muchos años juntos, muchos.

Éramos extraños pero gracias a esa pelea nos reencontramos, quizás un par de años después. Nadie sabe si hubiese sido mejor antes.  

Yo dejé de fumar, él dejo de fumar. Yo cuido niños, él cuida a sus clientes.
Hoy nos vemos en esa vieja foto y nos reímos, ahora no es mi departamento, no es el de él.

Yo dejé de fumar, ella dejó de fumar. Yo cuido a mis clientes, ella cuida niños. Hoy vivimos juntos y en la sala de nuestra casa está esa vieja foto donde sonreímos como ahora. 

Al parecer ambos somos de lugares muy extraños, pero somos iguales, igualmente de lugares distintos.

Fin

domingo, 4 de mayo de 2014

Amarres invisibles


Esas rayas invisibles que hay en la vida,
esas líneas impasables,
esos muros falsos que nos ponemos,
para evitar acciones.
Esas líneas que nos marcan un espacio
entre lo que podemos y lo que queremos,
¿Qué queremos?
cuando hay tantas líneas invisibles
¿Qué podemos querer?
cuando hay tantos límites
¿Qué deseamos tener?
cuando nos imponemos líneas
¿Qué obtenemos?
cuando mantenemos a rayas sentimientos y emociones,
cuando contentemos pensamientos,
cuando negamos palabras que queríamos decir,
cuando el otro esperaba escucharlas.
¿Qué ganamos con tantas líneas invisibles?
¿Con tantas rayas?
¿Con tantas leyes que no existen?
Logramos no decir nada,
logramos callar, anudar el pecho,
evitar sentimientos,
¡Negar emociones!
Mantener orden, un efímero orden.
esas líneas que anudan al alma
que nos quitan oportunidades de desahogo
momentos de magia,
de risas o de llantos.
¿Cómo podemos mantener las líneas?
¿Por qué nos amarramos a ellas?
¿Qué dolor más grande queremos evitar?
¿Qué alegría más grande nos queremos negar?
Rayas invisibles pero fuertes
líneas inexistentes que son muros tan altos
que nadie pueda atravesar.
excepto, excepto hablando… a las líneas
gritando a las rayas,
gritando lo que las rayas evitan,
excepto…
Ay, ay esas rayas…

Ay, ay esas líneas invisibles.

viernes, 2 de mayo de 2014

Infinito

Un cuento corto rescatado de mi anterior blog, con  un dibujo que hice en paint ;)

Infinito

- ¿Quieres decirle algo?
- No – dijo él casi de manera brusca, ella hizo una mueca y se sentó sobre la gravilla acomodando al instante su cabello que caía cerca de su cara, tras su oreja. El uso de gravilla había sido útil para reemplazar el pasto, en ese ahora viejo parque tatuado por grafitis y suciedad. Ella dio un suspiro seguido de un gesto.
- Yo lo puedo ver… sé que no me crees, pero te quiere dec…
- Ya déjame en paz, ¿quieres? – dijo él poniéndose de pie y dándole una mirada de manera despectiva – ¿qué ves fantasmas? ¿Espíritus? Bah… - Llevó sus manos a los bolsillos del canguro que tenía puesto y dio un par de pasos entre la suciedad  del lugar alejándose, pero manteniéndose lo suficientemente cerca para poder escucharla.
La chica arregló su cabello nuevamente, lo cortaría pensó, traerlo largo a veces incomodaba y miró hacia un punto en donde no había nada más que escombros, suciedad y escaleras.
- No me quiere escuchar… ¿Cómo quieres que se lo diga? Ya ni él me cree, estoy harta de eso y de esto… No es cierto, solo yo puedo verte, escucharte, sabes, ya me cansé, tan solo vete – dijo moviendo sus manos en el aire – vete, vete que no te quiero cerca ya déjame en paz.
El hombre que solo ella pudo ver dio media sonrisa y desapareció  tras un pestañeo, había insistido demasiado en ese mensaje pero ella sabía que no le creerían, nunca le habían creído, nunca le creían y ese nunca era tan grande e infinito que para que seguir intentando.
Apoyó sus codos en sus rodillas acostando su mentón en sus manos mirando al joven que movía la gravilla con sus zapatillas y viendo tras él el humo que se levantaba tras las explosiones  ocurridas horas antes.
- ¿Vamos a comer? – dijo él repentinamente en voz alta pateando el suelo y sin dirigirle la mirada.
- No – dijo ella secamente
- Ándate a la mierda – respondió sin fuerza ni ánimos
- Ya estamos allí – él volteó a darle una mirada pesada y dio pasos cansados hasta ella quien solo levantó la mirada conteniendo una sonrisa. Él hizo una mueca, casi le hubiera creído su seriedad anterior de no ser que sus labios decían otra cosa, sonrió sentándose a su lado.
- Dime que quiere.
- ¿Eso significa que me crees? – ella se puso de pie para míralo mejor.
- No.
- ¿Quieres decirle algo?
- No – dijo él casi de manera brusca, ella hizo una mueca y se sentó sobre la gravilla acomodando al instante su cabello que caía cerca de su cara, tras su oreja. El uso de gravilla había sido útil para reemplazar el pasto, en ese ahora viejo parque tatuado por grafitis y suciedad. Ella dio un suspiro seguido de un gesto.
- Yo lo puedo ver… sé que no me crees, pero te quiere dec…
- Ya déjame en paz, ¿quieres? – dijo él poniéndose de pie y dándole una mirada de manera despectiva – ¿qué ves fantasmas? ¿Espíritus? Bah… - Llevó sus manos a los bolsillos del canguro que tenía puesto y dio un par de pasos entre la suciedad  del lugar alejándose, pero manteniéndose lo suficientemente cerca para poder escucharla.
La chica arregló su cabello nuevamente, lo cortaría pensó, traerlo largo a veces incomodaba y miró hacia un punto en donde no había nada más que escombros, suciedad y escaleras.
- No me quiere escuchar… ¿Cómo quieres que se lo diga? Ya ni él me cree, estoy harta de eso y de esto… No es cierto, solo yo puedo verte, escucharte sabes, ya me cansé, tan solo vete – dijo moviendo sus manos en el aire – vete, vete que no te quiero cerca ya déjame en paz.
El hombre que solo ella pudo ver dio media sonrisa y desapareció tras un pestañeo, había insistido demasiado en ese mensaje pero ella sabía que no le creerían, nunca le habían creído, nunca le creían y ese nunca era tan grande e infinito que para que seguir intentando.
Apoyó sus codos en sus rodillas acostando su mentón en sus manos mirando al joven que movía la gravilla con sus zapatillas y viendo tras él el humo que se levantaba tras las explosiones  ocurridas horas antes.
- ¿Vamos a comer? – dijo él repentinamente en voz alta pateando el suelo y sin dirigirle la mirada.
- No – dijo ella secamente
- Ándate a la mierda – respondió sin fuerza ni ánimos
- Ya estamos allí – él volteó a darle una mirada pesada y dio pasos cansados hasta ella quien solo levantó la mirada conteniendo una sonrisa. Él hizo una mueca, casi le hubiera creído su seriedad anterior de no ser que sus labios decían otra cosa, sonrió sentándose a su lado.
- Dime que quiere.
- ¿Eso significa que me crees? – ella se puso de pie para míralo mejor.
- No.
- ¿Quieres decirle algo?
- No…




jueves, 1 de mayo de 2014

Un lugar seguro


Quiero un abrazo, pero no cualquiera.
Un abrazo apretado, muy apretado
de esos donde uno hunde la cabeza en el cuerpo del otro
intentado ocultarse de la luz,
de esos donde uno intenta quedar impregnado
en el aroma del otro,
un abrazo de esos
que te dejan con ganas de besar la ropa del otro,
un abrazo donde mi cara descubra en tu cuello
un lugar de descanso ,
un abrazo infinito, eterno,
un abrazo de amor.